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Diario

Nueva época

Ha sido bastante tiempo. No sé la razón de que dejara de escribir aquí, pero lo cierto es que un día dejé de hacerlo. Sin más.
Si existe alguien que ha entrado para encontrarse un escrito nuevo, lo siento. También siento el haberme ido sin despedirme. De todas formas, excepto un par de personas, no creo haber sido muy leído.

Bueno, en esta nueva etapa hay pequeños cambios. En primer lugar, si os fijáis, en la bitácora tan sólo hay tres secciones, el diario, metamorfosis y mis escritos para Alma. En segundo lugar, existen dos bitácoras nuevas. He dedicado una a Lucía. Ya hay un escrito allí, el numerado 34 de los que tengo sobre ella. Los otros 33 no creo que nunca los ponga por aquí, a excepción de 4 o 5 que ya leísteis. También existe una bitácora de contenido explícitamente sexual. Esta ya la tenía con anterioridad, simplemente que le voy a dar un nuevo aire e ir incluyendo cosas.

Y nada más. Espero que os gusten estos cambios.

Un saludo

Nueva época

Ha sido bastante tiempo. No sé la razón de que dejara de escribir aquí, pero lo cierto es que un día dejé de hacerlo. Sin más.
Si existe alguien que ha entrado para encontrarse un escrito nuevo, lo siento. También siento el haberme ido sin despedirme. De todas formas, excepto un par de personas, no creo haber sido muy leído.

Bueno, en esta nueva etapa hay pequeños cambios. En primer lugar, si os fijáis, en la bitácora tan sólo hay tres secciones, el diario, metamorfosis y mis escritos para Alma. En segundo lugar, existen dos bitácoras nuevas. He dedicado una a Lucía. Ya hay un escrito allí, el numerado 34 de los que tengo sobre ella. Los otros 33 no creo que nunca los ponga por aquí, a excepción de 4 o 5 que ya leísteis. También existe una bitácora de contenido explícitamente sexual. Esta ya la tenía con anterioridad, simplemente que le voy a dar un nuevo aire e ir incluyendo cosas.

Y nada más. Espero que os gusten estos cambios.

Un saludo

Donde vivo IV

Donde vivo IV Un brazo de vegetación con agua a ambos lados.
Se me olvidaba... Esta y las dos anteriores hechas desde la azotea de mi edificio.

Donde vivo II

Donde vivo II La ciudad al fondo. Lejos, lejos...

Donde vivo III

Donde vivo III El/la mar.

Donde vivo I

Donde vivo I ¿Veis la torre que está más a la derecha?
¡¡¡Ahí!!!

Amado mío

Amado mío Oh, oh, ohhhhhh… ¡Se acabaron las vacaciones!
En estos días de parsimonia y dejadez alguien me preguntó cuál era mi canción favorita. Llevo una semana pensándolo; Y ya, sin dudas, es Amado mío.
Busqué el CD de Pink martín sympathique. Lo había metido en lo más profundo de una caja de cosas que nunca voy a volver a utilizar y el lo más íntimo de mi corazón. Ese CD tiene otro tema.


love me forever
and let forever begin tonight.
Amado mío
when we’re together
I’m in a dream world of sweet delight.

Many times I’ve whispered
“amado mío”.
It was just a phrase
that I heard in plays.

I was acting a part
but now when I whisper
“amado mío”.
Can’t you tell I care
by the feeling there
cause it comes from my heart.

I want you ever.
I love my darling.
Wanting to hold you
and hold you tight.
Amado mío
love me forever
and let forever begin tonight.


Tema: Amado mío
Autores. Doris Fisher y Allen Roberts
Versión: Pink martín sympathique

Post scriptum: Si a alguien le interesa, hay formas de que se la pueda hacer llegar. ;)

Chonda

Chonda Uno suele ir por la vida así, como quien no, buscando un nosequé, y de repente se sorprende. Agradablemente. Y es que, sin saber las razones, y si te acompaña la fortuna –que estas cosas no suelen ocurrir-, te miras en unos ojos. Y ves un/a igual. Y sientes que siempre le/has conocido. Vamos, que casi sin hablar, estás segurísimo de saber todo de su vida.
Eso me ocurrió con ella. La conocí primero virtualmente, por aquí, y un buen día nos vimos las caras. En realidad nos separan muchísimas cosas, muchas más de las que nos unen, pero uno está convencido que se podría pasar media vida junto a ella. Sin más, sin razones que acompañen a la lógica. Y no es una cuestión de atracciones, tanto físicas como psíquicas. Simplemente es una igual. Alguien con quien tengo la sensación de que, con ver mi gesto, sabe como me encuentro. Alguien a quien por oírle un suspiro sé donde le duele. Y pueden pasar años, muchos años, y volvernos a ver. Y estoy más que convencido que nos diríamos un hola, qué tal ayer. Porque lo sé ya todo de ella. Y lo sabré siempre.
Esa imagen que veis es su rostro. Guapa, ¿Verdad?. Pues eso no es lo mejor. Lo mejor es que nunca le tendré que pedir perdón por nada. Ni ella a mí. Hagamos lo que hagamos. Nos conocemos tanto desde hace siglos que todo nos lo comprendemos. Y sabemos de sentimientos, de intenciones, de manías y de formas de ser. Y ella es como es. Y yo la acepto así. Y ella me acepta a mí. Sin trampas ni mentiras.
Me dijo que estaba meditando seriamente el casarse con un tipo. A mí ni me pareció ni bien ni mal. Sólo le pido una cosa, que sea feliz. Bueno, y si se casa, como derecho de pernada, dos cosillas más. La primera que me invite a su boda. La segunda que me siente al lado de una señora de buen ver. Y es que con esas, yo ya me apaño.

Un beso, amiga.

Atrevimientos

Llevaba tiempo pensándolo. Lo leía y releía; una vez tras otra. Cambiaba, modificaba, consultaba y meditaba posibilidades. Dudas y dudas...

Sabía que iba a verla en Sevilla. Y que ya es el momento de dar este paso. No me atreví a dejarlo en la maleta o en la mochila que me acompaña siempre. Necesitaba sentirlo cerca, junto a mi piel. Temía perderlo. Nunca un objeto llevaba algo tan intimo, tan mío que fuera ser de mi ser. Un CD, un simple CD grabado en casa con un relato infantil.

Fue después de cenar. En el hall del hotel, fumando tranquilamente unos pitillos varios de nosotros. Tras un par de horas de tortuosa charla –aunque ellos dirán que fue tremendamente agradable- por fin llegó mi turno. Nos quedamos solos. Ella y yo. Y bueno... lo hice.

Le dije que llevaba un CD con un escrito. Que me gustaría que lo leyera. Que eso, que era mío. Nada serio, pequeña cosa. Un juego, pero me interesaba su opinión. Que tal, que no tenía grandes aspiraciones. Que no lo hacía porque ella era quien era –directora de ediciones de literatura infantil-, sino por la amistad que nos unía. Que sólo pensaba en su opinión. Que cojones, que qué mal lo estoy pasando...

El miércoles, también después de cenar, me buscó. No fue una casualidad nuestro encuentro. Me miró, y me dijo que era bueno. Suficientemente bueno. Que le han llegado cientos de cosas peores de gente que ya ha publicado. Pero que tranquilo, que hará lo que debe de hacer. Lo enviará como uno más al comité lector. Que ella apenas lee una selección de lo que tiene serias posibilidades de salir en papel. Pero que este, el mío, ya lo había leído. Y le gustaba. Y ahora veríamos si gustaba a los que suelen leer y seccionarle lo editable. Como despedida me preguntó, casi riendo, si había pensado en que ilustrador me gustaba para acompañar mis palabras.

Esa noche, fue todo como un sueño. Lo celebré al día siguiente, el jueves, el último día que estábamos allí. En la fiesta de despedida bailé, canté en un karaoke y bebí a cuenta de una buena temporada. Tal vez por eso hoy estoy afónico.

Cantares

De esta semana en Sevilla os he traído uno de los mejores regalos que os podría hacer. Un poema escrito por dos poetas, que me demuestran que el sur y el norte, tan diferentes, pueden a veces cantar juntos.
Al leer uno está de acuerdo en ciertas cosas. En un poema te puedes ver en parte, en determinadas estrofas, en alguna palabra. Yo, en Cantares, creo que suscribo hasta la última coma. Gracias Antonio. Gracias Joan Manuel.


Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...
Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...

Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar:
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»

golpe a golpe, verso a verso...

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»

golpe a golpe, verso a verso...

Cuando el jilguero no puede cantar,
cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»

golpe a golpe, verso a verso.

Días sin escribir

Cuatro días de gripe y cuatro de viaje, suman ocho. Estoy haciendo la maleta, y me duele todo.
Joder, no me apetece irme mañana... Y he de ir.
Estoy débil, el virus me ha destrozado.

La milonga

La milonga Hay un lugar por La Malvarrosa al que siempre quiero ir pero nunca encuentro con quien.
Es un altillo. Está encima de unos de esos bares viejos de la zona. De los del marítimo. Un bar donde el olor a frito te impregna, donde las mesas, de puro gastadas, dan la sensación de sucias. Donde lo típico sería cenar de picoteo. Unos calamares a la romana, unas tellinas, tal vez esgarraet. Y ai i oli. Y mucho aceite, servilletas de papel, vino en botella cuadrada; rellenada.
El altillo tendrá, supongo, unos setenta metros cuadrados. O más. Tiene un suelo de gres, de ese gres barato que producen sin parar las factorías de Castellón. Su techo es bajo, casi llegando al límite de lo permitido. Y mesas redondas, con cuatro sillas que las rodean. Mesas pegadas en dos de las cuatro paredes del local, dejando claro un espacio central diáfano para la danza.
Al entrar, accediendo por una oculta y estrecha escalera en el bar, recibe un hombre mayor. Semi calvo, con ojos sabios que te desnudan. Cara ancha, tal vez grueso. Te preguntará si eres socio, pero el no serlo no significa ningún problema. Sólo debes de abonar lo que te diga –creo que sobre los seis euros- y te permitirá el acceso. A cambio, disfrutarás de la atmósfera y te podrán servir una copa.
Siéntate, aún es pronto. Tan sólo hay otra pareja, que habla desenfadadamente. En la esquina, una chica con falda negra marca unos pasos. Dos hombres, que rondarán los cincuenta y cinco, manipulan un lector de CD como el que yo tengo en mi casa. Y suena la música...
Van llegando parejas, como un pequeño goteo. Pocas, en el punto álgido no llegaremos a las quince. Treinta personas. Todas mucho mayores que yo. Bueno, tal vez un par que rondan mi edad...
Sale una, y otra... Luego se animan tres más. Y danzan. Sus cuerpos se aproximan, se dejan envolver por el tango. Sólo están ellas y el tango.
Y yo siento envidia. Y ella, la chica que he llevado, admiración. Y de repente me dice que quiere aprender. Y yo me pregunto si lo lleva dentro. Sólo lo compartiré con quien lo lleve dentro. No es un pasatiempo más.

Franz y Sabina

Franz y Sabina Esta noche de insomnio, rescatando cosas pasadas -guardando recuerdos-, he vuelto a leer este fragmento de La insoportable levedad del ser (Milan Kundera). Ya lo puse una vez en un lugar.
Hace mucho tiempo, yo fui como Franz y conocí a Sabina.


“Franz es fuerte, pero su fuerza se dirige sólo hacia fuera. Con respecto a las personas con las que vive, a las que quiere, es débil. La debilidad de Franz se llama bondad. Franz nunca podría dar órdenes a Sabina. No le mandaría, como en tiempos hizo Tomás, que coloque un espejo en el suelo y ande encima de él desnuda. No es que le falte sensualidad, pero le falta fuerza para mandar. Hay cosas que sólo pueden hacerse con violencia. El amor físico es impensable sin violencia.
(...)
¿Y si tuviera un hombre que le diera órdenes? ¿Alguien que quisiera ser su amo? ¿Cuánto tiempo iba a aguantarlo? ¡Ni siquiera cinco minutos! De lo cual se deduce que no hay hombre que le vaya bien. Ni fuerte ni débil. Dijo:

-¿Y por qué no utilizas tu fuerza contra mí?
-Porque amar significa renunciar a la fuerza –dijo Franz con suavidad.

Sabina se dio cuenta de dos cosas: en primer lugar, de que aquella frase era hermosa y cierta. En segundo lugar, de que, al pronunciarla, Franz quedaba descalificado para su vida erótica.”

Y unas páginas más adelante...

“Entonces se percató con sorpresa de que no era desdichado. La presencia física de Sabina era mucho menos importante de lo que había supuesto. Lo importante era la huella dorada, la huella mágica que había dejado en su vida y que nadie podría quitarle. Antes de desaparecer de su vista tuvo tiempo de poner en sus manos la escoba de Hércules, con la cual barrió de su vida todo lo que no quería. Aquella inesperada felicidad, aquella comodidad, aquel placer que le producía la libertad y la nueva vida, ése era el regalo que le había dejado.
(...)
Por lo demás, siempre prefería lo irreal a lo real. Era más feliz con la Sabina que se había convertido en una diosa invisible que con la Sabina con la que recorría el mundo y por cuyo amor temía constantemente. Le había dado la inesperada libertad del hombre que vive solo, le había regalado la luz de la seducción. Se había vuelto atractivo para las mujeres.”

Hace un momento pensaba...

Sobre la quimera de ascender.
¡Con lo solitaria y fría que es´la cumbre!

Niño adulto

Niño adulto Abro los ojos, y veo a un niño atrapado en el cuerpo de un adulto

El niño quiere vivir, y el adulto piensa en lo no vivido

Y el niño pregunta... Dime, dime cómo es.
Y el adulto le mira y le dice... No preguntes, las respuestas te harán mayor.

Con las respuestas se pierde el placer de volver a preguntar.

Y el niño le mira, no entiende... Y el adulto sonríe, una triste y dulce sonrisa.

Y todo pasa, y nada vuelve... Y lo vivido no lo volvemos a vivir

El niño le mira extrañado, con simpleza. No entiende nada, no entiende sus palabras. Es extraño, toda una vida para tampoco entender nada.

Y el niño quiere ser mayor, y el mayor quiere ser niño.
Y el niño quiere vivir, y el mayor quiere olvidar lo vivido.

Y nadie es lo que quiere ser. Una puesta de sol, un árbol, un cruce, una tienda, un juguete, un amigo... todo es nuevo para el niño

Ya no recuerda cuando perdió la pureza, ya no recuerda cuando fue la primera vez

Todo pasa, todo pasa tan rápido... Quiere ver por primera vez el cielo, y que las gotas frescas de la lluvia golpeen de nuevo sobre su rostro.

Y volver a leer, porque leería otras cosas... y volver a amar, porque amaría a otras personas.

Y abro los ojos, y veo al niño envuelto en un cuerpo de adulto. Y lloro, lloro por lo que no voy a volver a vivir

Tanguera

Tanguera "Como hombre que llega excitantemente a intrigarme, no me extraña saber ahora que eres amante de los tangos. Leía tu mensaje y me imaginaba amarrada a ti al compás de una melodía. O deseaba ser ese tango que te envuelve hasta el punto de cerrar tus ojos por bailarme."

La bitácora de Selvio

He puesto el primer enlace en esta página. Si pincháis en él os llevará directamente a la bitácora de Selvio. Me gusta como escribe Selvio, tanto su forma como su fondo. A mí no me nace expresar tanto sobre el sexo como a él, ni que éste sea tan explícito. Pero él lo hace de maravilla.
Hay un escrito, uno, que habla sobre una leyenda -la de las pollas voladoras- donde Selvio acaba exponiéndonos la esperanza de que alguna de ellas acabe en su boca. Son apenas cuatro o cinco líneas, pero me ha parecido genial. Tanto que la he releído hasta cansarme, y mientras lo hacía, nacía en mi cabeza una historia inspirada en esta leyenda. Tal vez alguna vez la plasme en palabras, la ponga aquí y le dé gracias a Selvio por su idea original.
Una lástima, Selvio, una lástima. No soy gay. Porque si lo fuera, tras leer lo que escribes, me habrías atrapado. Ya fuese para dejar que entraras en mí o para dejarte entrar.

Un saludo